La palabra en Antonio Machado

Ayer se cumplieron setenta y seis años de la muerte, en la localidad francesa de Colliure, del gran poeta Antonio Machado, expresión indiscutible de la Generación del 98.

Amigo de Miguel de Unamuno, Juan Ramón Jiménez y Rubén Darío, fue retratado por el gran Joaquín Sorolla, que supo plasmar en su obra la personalidad inquieta y melancólica de este genio de la literatura.

Retrato de A. Machado por Joaquín Sorolla, 1917
Retrato de Antonio Machado realizado por Joaquín Sorolla en 1917. Hispanic Society of America (Nueva York).

Muchas son las páginas que se han escrito sobre su vida y producción literaria. En este artículo queremos recordar brevemente la singularidad de sus palabras, la idiosincracia de su poesía, entendida esta como el vehículo a través del cual transmitía sus pensamientos, sentimientos, pasiones e ideas. En 1931 llegó a escribir en su Poética, incluida en la Antología de poetas españoles contemporáneos que estaba elaborando Gerardo Diego, lo siguiente:

“(…) la poesía es la palabra esencial en el tiempo. La poesia moderna, que, a mi entender, arranca, en parte al menos, de Edgardo Poe, viene siendo hasta nuestros días la historia del gran problema que al poeta plantean estos dos imperativos, en cierto modo contradictorios: esencialidad y temporalidad.

El pensamiento lógico, que se adueña de las ideas y capta lo esencial, es una actividad destemporalizadora. Pensar lógicamente es abolir el tiempo, suponer que no existe, crear un movimienro ajeno al cambio, discurrir entre razones inmutables. El principio de identidad -nada hay que no sea igual a sí mismo- nos permite anclar en el río de Heráclito, de ningún modo aprisionar su onda fugitiva.

(…)

Entre tanto se habla de un nuevo clasicismo, y hasta de una poesía del intelecto. El intelecto no ha cantado jamás, no es su misión. Sirve, no obstante, a la poesía, senalándole el imperativo de su esencialidad. Porque tampoco hay poesía sin ideas, sin visiones de lo esencial. Pero las ideas del poeta no son categorías formales, cápsulas lógicas, sino directas intuiciones del ser que deviene, de su propio existir; son, pues, temporales, nunca elementos acrónicos existenciaistas, en las cuales el tiempo alcanza un valor absoluto. Inquietud, angustia, temores, resignación, esperanza, impaciencia que el poeta canta, son signos del tiempo y, al par, revelaciones del ser en la conciencia humana“¹.

Antonio Machado supo plasmar con palabras el sentir de la vida. Manuel Alvar, en la introducción a la edición de Obras Completas publicada en 1990, llegó a afirmar de él que, pese a su retórica pobre y la simplicidad de recursos de los que se valió, “rara vez en nuestra poesía se habrá encontrado un testimonio más sincero y auténtico. Porque rara vez las palabras han significado más directamente aquello que querían significar. Las palabras en carne viva, sin lienzos que la puedan ocultar”².

Machado_foto_firma_y_libro 1917
Foto y firma de la primera edición de las Poesías Completas de Antonio Machado. Biblioteca del Ateneo de Madrid.

El nombre de este proyecto bebe del primer verso de su poema A un olmo seco. Por ello, no podemos dejar pasar esta ocasión para rendirle nuestro particular y pequeño homenaje.

¹MACHADO, Antonio: Poesías completas, Madrid, Espasa-Cape, 1990, pp. 81-82.

²MACHADO, Antonio: Op. cit. p. 10.

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