Detrás de una tesis doctoral hay años de estudio y trabajo. Los futuros doctores han dedicado mucho tiempo a reflejar por escrito su proyecto y las conclusiones de su investigación.  La tesis es, por tanto, el resultado de horas de sacrificio, de tardes y noches frente al ordenador tecleando sin parar para plasmar de manera clara sus planteamientos e ideas, esas que defenderán semanas después delante de un tribunal.

Todo el trabajo que conlleva redactar una tesis se puede ver deslucido si esta no se presenta de manera ordenada, si el texto contiene lagunas o frases incompletas o sin sentido, si la bibliografía o el sistema de citas no sigue las normas establecidas por la universidad… Y puede pasar que el proyecto que se explica y los resultados que se dan a conocer sean sumamente interesantes e innovadores, pero como el texto no está bien redactado, no llega a comprenderse el mensaje que el investigador desea transmitir.

Por ello, la corrección de una tesis, como la de cualquier trabajo académico (ya sea de fin de grado o de fin de máster) es un servicio cada vez más demandado por los doctorandos.

Nuestra misión como correctores consistirá, por tanto, en darle coherencia a la tesis, unificar criterios tipográficos y normativos, revisar que no contenga errores ni erratas… Pero también comprobar que las citas y referencias se realizan de manera correcta y adecuar el sistema de referencias y citas y la bibliografía a las normas que establece la universidad para este tipo de trabajos (APA, Chicago…). De este modo, la tesis cumplirá con todos los requisitos necesarios que exige un trabajo de esta magnitud.

Solo hay una cuestión sobre la que no actuamos: el contenido. La corrección del contenido de una tesis es un trabajo que únicamente le corresponde al director. Eso sí, podremos señalar errores que consideramos importantes, como confundir un rey con otro o equivocar el año de inicio o finalización de un conflicto mundial, por ejemplo.

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